Wilson.
Ya cuando lo encontró… le salió una alga, después de cierto tiempo,— pero ya cuando lo encuentra, le dibuja un rostro. Ya que le queda, le dice: “Te conozco, te conozco… por más que te escondas, ¡te conozco! Te conozco.
Adoquín de cantera.
Pocos atrevidos se acercan a mi, sabe qué sentirán. Está bien, que no se me acerquen.